Primero, la luz
Apague el flash, busque la ventana, evite la sombra de su propia mano. Una página subexpuesta pero uniforme se lee mejor que una luminosa atravesada por una sombra.
Plana, de frente
El sentido de lectura no importa —la herramienta lo endereza—, pero una página fotografiada en ángulo pierde sus márgenes. Sostenga la cámara justo encima, no en diagonal.
La página entera, con sus márgenes
Los folios, los sellos y las signaturas están en los márgenes. Encuadre amplio: la herramienta encuentra el texto, pero no recupera lo que queda fuera del encuadre.
Una página doble, una sola foto
Un libro abierto se fotografía de una sola vez y se lee como una única página. Eso son la mitad de fotos y una sola página que contar.
No renombre nada
El orden en que se tomaron las fotos es el orden de la caja; el nombre que da la cámara lo conserva. Basta con una carpeta por signatura o por día: la herramienta recorre las subcarpetas.
No retoque nada
Ni recortes ni giros en un editor: cada guardado recomprime el JPEG y daña ligeramente el texto. Suba el original tal cual; la herramienta se encarga del resto y lo conserva intacto.
Pruébelo con sus propias páginas
Cien páginas transcritas y traducidas, durante un año, sin tarjeta.